Observatorio de Políticas Públicas de Derechos Humanos en el MERCOSUR
en el libro Sitio Observatorio

Integración regional: una articulación permanente en derechos humanos

Nilmário Miranda

Quiero saludar aquí a todos los militantes de los derechos humanos en nuestro continente, especialmente a los del Cono Sur. También declarar mi alegría por estar aquí en Córdoba, por haberse escogido esta ciudad como sede de esta conferencia regional. Una ciudad que une tradiciones como la primera Universidad de América del Sur y una activa clase obrera de lucha por la democracia, que es un ejemplo para todo el continente.

Estamos realizando esta conferencia regional en un momento especial para nuestros países. Quizá por primera vez en nuestra historia de más de quinientos años, tenemos dos décadas seguidas de democracia. Más que dos décadas de democracia, son veinte años sin amenaza de ruptura ni conspiraciones militares. Asimismo, los países que están enfrentando las violaciones de los derechos humanos ocurridas en las dictaduras pasadas han hecho esto sin ninguna amenaza de golpe o ruptura. Son países en los cuales la democracia no está cuestionada, son regímenes constitucionales, países que ratificaron y ratifican todos los instrumentos que han firmado en la política de los derechos humanos, ya sea en el sistema global o interamericano. O sea, existe una oportunidad para construir una democracia que tenga como centro los derechos humanos durante un gran plazo.

En esta ciudad de América del Sur se está viviendo también al mismo tiempo la crisis de los derechos humanos en el mundo. Los países que también se han destacado en la defensa de los derechos humanos hoy se muestran como portadores de un verdadero retroceso en este aspecto. La invasión de Irak sin el consentimiento de la ONU y todo lo que sucedió y está sucediendo día a día en aquel país, que parece una vergüenza. A continuación de la crisis entre Israel y los palestinos, todos los defensores de los derechos humanos del mundo (estabilizando siempre las relaciones mundiales, la paz mundial) hoy también se ven en retroceso en la democracia, en lo que es la lucha por los derechos humanos y durante la lucha contra el terrorismo. Es una manifestación brutal que sobrepasa los límites de la lucha política. Además, en nombre del combate al terrorismo, otros países también han retrocedido, y otros países donde creíamos que se había alcanzado un grado de civilización se dejaron involucrar por la xenofobia, el odio racial.

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Así también decimos que nos asusta mucho el choque de las civilizaciones que por esa radicalización fuerza al mundo árabe o al oriental a colocarse en bloque frente a esto. Por eso creo que este momento de América del Sur, viviendo nuestros países lo que están viviendo, también trae una expectativa positiva, porque nuestros países, si pueden, harán esa diferencia en este momento. Exactamente porque somos países que ya no tienen disputas territoriales, ya no tienen guerras motivadas por la intolerancia, por el odio, por la xenofobia. Países en los cuales tenemos enormes problemas heredados por un pasado de esclavitud, de colonialismo, de dictaduras, pero tenemos en común la disposición de enfrentar a todos los problemas para construir una sociedad mejor, más equitativa, menos desigual, más justa, más solidaria, siempre basados en la democracia y en los derechos humanos. Nuestros países ya están actuando en el ámbito de la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU, en la propia ONU, en el grupo de los países latinoamericanos y del Caribe, que ha sido una vanguardia en la defensa de los derechos humanos.

Nosotros estamos a punto, por ejemplo, de evitar que llegue ese mecanismo politizado y discriminatorio de las resoluciones de la Comisión de los Derechos Humanos del mundo, que selecciona países que violan los derechos humanos, exactamente, pero hay otros países del primer mundo que violan los derechos humanos y son aliados de las grandes potencias. Nosotros estamos proponiendo en torno a esto un informe global de las violaciones de los derechos humanos, sin exceptuar ningún país. Frente a cuestiones como Guantánamo, las declaraciones de los derechos humanos de Guantánamo, ¿por qué no? Creemos que los derechos humanos deben ser practicados en todos los países y no solamente en los países aliados de las potencias. Por lo tanto, estamos trabajando en conjunto para reformular ese mecanismo que es tan discriminatorio, que no contribuye en el avance de los derechos humanos, sino que, por el contrario, cristaliza la formación de bloques que no nos dan perspectivas de avance.

Y aquí también, en el ámbito del Mercosur, vemos que se ha avanzado en la integración económica, comercial, política, de seguridad, y en varios aspectos de la vida social y cultural, pero tenemos que avanzar en los derechos humanos. De ahí la inmensa importancia de esta reunión. No es posible pensar en la integración de los países del Mercosur sin también pensar en una cooperación estrecha, permanente, orgánica en el campo de los derechos humanos.

Quería inclusive solidarizarme íntegramente con los compañeros de Argentina, de Chile, de Uruguay, de todos los países que están enfrentándose con las violaciones de los derechos humanos ocurridas durante las últimas dictaduras.

Esta conferencia regional tiene también peculiar importancia porque aquí está participando la sociedad civil. No creo que vayamos a conseguir algo permanente en el campo de los derechos humanos sin la participación de la sociedad civil, sin que sea una demanda, un imperativo de nuestras sociedades y nuestros pueblos. Creo que esta integración es importante, además, del lado de nuestros compromisos internacionales. Por ejemplo: nuestros países tienen que avanzar en la internacionalización en el Tribunal Penal Internacional para que no se convierta esto no más en un sueño de la humanidad, ya que tiene enemigos poderosos. Pero si nosotros consideramos fundamental la constitución del Tribunal para el avance de los derechos humanos en el mundo y en el derecho internacional, tenemos también que hacer esfuerzos y todo lo que sea necesario para la internacionalización de las normas del Tribunal Penal Internacional; completar las ratificaciones de todos nosotros, de todas las partes, convenciones, tratados e inclusive los protocolos facultativos. Fortalecer el sistema interamericano de derechos humanos ante crisis como aquella de la que fuimos testigos —con los compañeros de Argentina, Chile y Uruguay y de otros países que estaban presentes— en México hace una semana, donde hubo una exposición de la Corte Interamericana y la Comisión Interamericana ante la situación de verdadera indigencia económica de cuadros y recursos, tanto de la Corte como de la Comisión.

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No podemos admitir que esto suceda. Tenemos que hacer más fuerza todos los países para fortalecer nuestro sistema y también trabajar esta agenda común para que sea una agenda de esta sección regional. Todos nosotros queremos ver a América Latina libre de tortura, libre de la explotación sexual de niños y adolescentes, del tráfico de seres humanos, ya sea para el fin del trabajo ilegal, de la esclavitud, de la prostitución o lo que fuere. Queremos también que nuestros trabajadores llamados ilegales sean respetados en sus derechos mínimos, que son derechos universales. También queremos trazar programas comunes para erradicar el trabajo esclavo en su versión contemporánea: el trabajo infantil. Una agenda común a construir, y a construir no sólo como una declaración de intenciones sino también como un compromiso de lucha para el trazado de planes de acción con plazos, metas.

Tenemos también el compromiso común de contribuir con un nuevo orden internacional, inclusive combatiendo la deuda externa, que en este caso se presenta en cierta manera bloqueando el desarrollo económico, social, cultural y de los derechos humanos en nuestros países. Buscar relaciones comerciales justas y una nueva geografía política para el mundo que tenga en cuenta el respeto de la soberanía de los pobres, de los pueblos y de los derechos humanos. En ese sentido quiero resaltar que nuestros países están involucrados en una cúpula árabe, en América del Sur, que se hará en diciembre. Será también un acontecimiento histórico para abrir una puerta y exactamente para combatir la idea nociva, deletérea y perversa del choque de civilizaciones, que quiere dividir las personas según la religión o según la cultura.

También un mensaje más para el movimiento: reafirmar que en cada país se tenga en cuenta la enseñanza universal de los derechos humanos. Su indivisibilidad, su independencia. No aceptar la primacía de un derecho sobre el otro. En la Declaración Universal no se establecieron primacías de los derechos políticos sobre los demás. Por el contrario, todos los vivimos aquí en la piel, sobre todo en las personas pobres, sobre todo en nuestras mayorías, el dolor, la separación de los derechos formales y los derechos económicos, los derechos sociales y culturales. No podemos aceptar esto sino luchar por transformar los derechos humanos en una política pública de Estado permanente. Ése es también el objetivo de esta conferencia, y debatir las buenas prácticas, intercambiar experiencias, firmar compromisos sólidos y transformar los derechos humanos en políticas públicas permanentes, siempre con la participación de la sociedad civil , porque si no es imposible pensar en ese avance.

Por eso y de este modo quiero felicitar a los organizadores de este evento. Nosotros, que ya tenemos sueños, que ya nos veníamos reuniendo entre Brasil y Argentina para organizar entre nuestros gobiernos y Estados una articulación permanente en los derechos humanos, solamente podemos saludar con alegría esta Conferencia, por las personas que participaron, por su agenda.

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Nilmário Miranda

Secretario especial de Derechos Humanos de la República Federativa del Brasil.

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