Observatorio de Políticas Públicas de Derechos Humanos en el MERCOSUR
en el libro Sitio Observatorio

Pasado autoritario y democaracia en Brasil

Perly Cipriano

Brasil no tiene una tradición democrática como muchos de los países de la región. Hemos tenido una característica reiterada: elites con una gran capacidad de realizar transiciones a diferentes gobiernos sin perder prácticamente nada de su poder.

Nuestro país se volvió independiente de Portugal en 1822, cuando el emperador pasó el país a su hijo, y mantuvo la esclavitud por un largo período. De 1889 data la transición del imperio a la república, pero manteniendo la esclavitud. Tenemos registros de 4.200 quilombos o regiones donde se refugiaban los esclavos que huían, con la presunción de que debía haber más que los que hoy día conocemos. La abolición de la esclavitud aparece como una dádiva de la princesa Isabel que dio la libertad a los esclavos, no como la lucha de los esclavos que conquistó la libertad; esa fue la imagen transmitida en Brasil.

La república resultó proclamada por un golpe de Estado del mariscal Deodoro, sin la presencia del pueblo. Tuvimos un partido republicano muy débil, entonces el mariscal apareció nuevamente, hizo la transición y fue sucedido por otro. Hasta 1930 tuvimos la república vieja, sin pueblo. Imaginen un país con una inmensa mayoría analfabeta, donde las mujeres no votaban, los analfabetos tampoco… Imagínense el número de electores que teníamos, sin hablar de que en el imperio había elecciones pero sólo votaban los que tenían determinado patrimonio; los más pobres tampoco votaban.

En la revolución de 1930 surge Getúlio Vargas, que tiene cierta similitud con Perón. Era un caudillo fuerte, gaúcho, padre de los pobres, con el apoyo de los sindicatos. Basaba su acción en la Carta de Trabajo de Italia, del fascismo, y había una serie de sindicatos unidos al Estado que hoy tienen sindicalistas que viven a costa del Estado. Inclusive los sindicatos que se dicen de izquierda temen perder esa gran facilidad de obtener apoyo económico sin tener que disputarlo ante los trabajadores.

En ese período Getúlio ejerció una democracia con cierta participación del pueblo, por cierto con un papel mayor; los grandes latifundistas tuvieron un rol menor, pero también continuaron gobernando. Getúlio Vargas gobernó hasta 1945, en que hubo elecciones. Fue casi un golpe: tuvimos un nuevo mariscal elegido y el presidente Juscelino Kubitschek culminó su mandato de cuatro años. Después de esa elección, vino Jânio Quadros, muy conservador, cercano a los latifundistas. El vicepresidente era de otro partido, el PTB, en la época en que se podía elegir un presidente de un partido y el vice del otro. Entonces se preparó un golpe militar, con una gran movilización nacional. Jânio se encontraba en la China y le iba a ser muy difícil volver de allí. Imagínense la China comunista en esa época en que se hablaba del «peligro amarillo». Hasta los chicos tenían miedo. Entonces, Jânio, que estaba en el PTB, tuvo dificultad para crear una transición. Se creó el parlamentario bajo la presidencia de Jânio, que aceptó volver y gobernar con un Parlamento que no tenía ninguna expresión en ningún lugar; apenas tenía un pequeño poder y duró hasta 1964. En ese período lideró un movimiento nacionalista bastante fuerte llamado Reforma Agraria Bancaria, que promovía cantidad de reformas y también trabajaba la nacionalización. Él trabajó en ese sentido y vino el golpe militar ante el temor a sus ideas nacionalistas.

Ese golpe militar tuvo el apoyo de latifundistas, grandes empresarios, multinacionales, buena parte de la clase media, la iglesia católica y gran parte de los medios de comunicación. Tenemos reconocer la diferencia entre libertad de prensa y el poder golpista que tienen los dueños de la prensa, como ahora que están en contra de Chávez en Venezuela. Cuando la prensa se alinea con uno de los bandos en conflicto, en ese caso lamentablemente no hay libertad de prensa, es solamente el juego de los empresarios dueños de los medios de comunicación. Es necesario hacer la distinción con cierto cuidado.

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En ese sentido, Brasil pasó 21 años de dictadura militar y las cosas son parecidas a las de los demás países del Cono Sur: prisiones, torturas, muertes, desapariciones forzadas, intervenciones de los sindicatos, cesación de mandato de los parlamentarios, gobernadores, intendentes, con la característica de que en cuatro años los dos primeros fueron dos mariscales —Castelo Branco y Costa e Silva— y después tres generales por períodos de cuatro años, que se fueron sucediendo, solamente con el intervalo de uno que murió y de otro que duró un período mayor. Ellos mantuvieron el Parlamento abierto y en una apariencia de elección cada cuatro años los generales eran sustituidos por otros.

Esos gobiernos fueron apoyados intensamente por el empresariado porque se veía beneficiado con la represión de los dirigentes sindicales. Entre los intelectuales se instaló un sistema de delación profunda que sobre todo tuvo lugar en la universidad, a partir de una ley que resultaba más fuerte que la Constitución. Era un instrumento que los rectores utilizaban para echar funcionarios, profesores y estudiantes. Había algunos profesores que se prestaban a denunciar a sus colegas; igual ocurrió entre los funcionarios y entre los estudiantes. Todo esto sucedió en forma aparentemente tranquila, así como con los medios de comunicación, con las empresas y con los abogados. Aquellos que estuvimos del otro lado y queríamos transformar la realidad política a través de la oposición y democratizar, vimos a nuestros jueces, promotores y abogados que tuvieron muchos beneficios en la dictadura militar, y eso no lo podemos olvidar.

Tenemos también que considerar que la dictadura no podía darse sola; concentraba una gran represión. Entonces Brasil se caracterizó por disolver los partidos políticos y crear dos partidos: el Arena, que apoyaba al gobierno, y otro partido que también lo apoyaba aunque disfrazadamente. Durante las elecciones las personas procuraron la participación de la oposición y en dictadura tuvimos un crecimiento grande de la movilización popular, del movimiento popular; también la oposición armada: una parte de los partidos de izquierda fue disuelta y la otra pasó a la resistencia armada. Entonces, en el mismo país teníamos elecciones de gobernadores que pasaron a ser indirectas y también la resistencia armada, en el mismo período.

La dictadura duró largo tiempo, veintiún años. Ese período fue común para todos nosotros: las dictaduras militares se entendían bien. La brasileña se entendía bien con la chilena, con la paraguaya; hacía mucho que se entendía con la Argentina, Chile y Uruguay. Pero tenemos que hacer otro rescate de nuestros pueblos y nuestras organizaciones de izquierda: constituían la solidaridad de los pueblos y eso es lo que nosotros hoy aquí debemos representar, ese avance de que los pueblos estuvieron siempre juntos. Un número inmenso de brasileños vivieron en Uruguay, Paraguay, Argentina, Chile; en Costa Rica, que acogía a los brasileños y protegía sus vidas. Y Brasil también recibió a argentinos, paraguayos, uruguayos, chilenos. Tenemos esa unidad y, por otro lado, la implementación del Plan Cóndor, que unía las dictaduras entre las elites de nuestros países. Decir militares es solamente una parte del tema; debemos decir que tuvieron un fuerte apoyo social. Podemos decir también que nuestros pueblos estuvieron integrados, apoyándose también unos a otros en diversas causas.

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En ese período de la dictadura, una de las manifestaciones más evidentes que tuvimos fue la lucha por la amnistía, que fue muy amplia en Brasil. No tuvo la capacidad de involucrar a millones de personas, pero sí principalmente a las universidades, a parte de la intelectualidad, de los artistas y de las izquierdas. Las amas de casa también se involucraron, inclusive las madres y las abuelas que, aunque generalmente conservadoras, cuando la lucha contra la dictadura fue creciendo, resultaron muy solidarias; las encontrábamos enfrentando a los generales con mucho más coraje que aquellos que estuvieron presos. Tenemos que rescatar esa lucha por la amnistía.

Tuvimos un gran número de presos, un grupo cumplió penas, otros quedaron un período corto, pero la aplicación de la tortura se extendió por todas partes en Brasil, sumada a la desaparición política. Se mataba y quiero insistir en que la prensa amparó a la dictadura militar durante largos períodos. Por ejemplo, la Red Globo y algunos canales de televisión crecieron gracias a la dictadura militar. Por eso es necesario destacar que muchos periodistas eran perseguidos, pero los dueños de los medios de comunicación se enriquecieron enormemente durante la dictadura militar —aquí debo hacer la excepción de los periodistas que crearon diarios alternativos.

La amnistía fue votada el 23 de agosto de 1979 y sancionada el 29 de agosto. Yo estuve preso. La ley fue sancionada por Luis Carlos Prestas, que fue un gran líder comunista de toda América; muchos lo conocen por su trayectoria. Con la Ley de Amnistía empezaron a volver los exilados políticos, Brizola inclusive; todos llegaban a Brasil, pero nosotros continuábamos presos. Hasta 1980 hubo presos políticos. Yo salí de prisión después de diez años, en libertad condicional. No podía hacer declaraciones, participar en reuniones políticas ni nada, pero de cualquier manera había una carta que decía «prohibido hacer todas estas cosas».

En el año 80 ya tuvimos la construcción de los partidos en otro gran momento de Brasil. Nuestro partido, que apoyó al gobierno y que tenía posiciones muy definidas, surgió del Partido de los Trabajadores, que en el 79, ya en la cárcel, estaba pensando la concepción del partido, el PDT de Brizola. En la primera elección tuvimos la llamada «campaña de las directas ya». Queríamos que el presidente fuera electo por el voto directo de los electores, con la movilización de millones de personas, que fue el momento de mayor movilización de nuestro país. Y nuevamente la elite del Congreso definió que la elección sería indirecta con el Colegio Electoral, que debía elegir el presidente, a pesar de los millones de personas en todas las calles del Brasil que derrotaron el proyecto.

A partir de ahí hubo elección directa, con Tancredo Neves, que murió antes de asumir y fue sustituido por José Sarney. Después, vino Collor de Melo, uno de los grandes farsantes de nuestro país por los niveles de corrupción de su gobierno, que tuvo mucho apoyo de la prensa. Red Globo hacía intensas campañas desde sus canales de televisión y decía que Lula era una persona peligrosa, obrero, barbudo, comunista, agitador, e inclusive cuando quedó viudo y se enamoró de su actual mujer —que también era viuda y tiene una hija que él reconoció como suya—, en la televisión aparecía que Lula quería matar a la niña en el vientre de su madre. Vean la crueldad que significaba esa campaña mediática. En la segunda vuelta, Lula tuvo una gran votación pero perdió.

Fernando Henrique Cardoso era el príncipe de la sociología; un hombre de izquierda, con libros muy interesantes, que hizo una alianza con los sectores conservadores de Brasil para generar una transición. Entonces es una persona de la izquierda latinoamericana que se pone al frente de un conjunto de partidos de derecha y conservadores. Eso va a demostrar cierta sagacidad de la elite brasileña. Para hablar de la elección de Lula, debo referirme a que finalmente alguien del pueblo pudo acceder a un cargo tan importante.

Haciendo una reflexión sobre el presente que nos ocupa, para que creemos este Observatorio debe haber fuertes instituciones democráticas en nuestros países, planes nacionales de derechos humanos, así como un Consejo Nacional de Derechos Humanos. A través de esas instituciones nuestro Observatorio debe avanzar porque debemos sentir la consistencia de una red apoyada por los pueblos que durante la dictadura estuvieron juntos en la oposición y que ahora se sienten más cerca de poder realizar sus sueños —no como todos quisieran, pero estamos trabajando para ello.

Tenemos un brasilero que dice que no necesitamos mucho, sino unos de los otros. Eso es así, para nuestros países. Necesitamos sentirnos cerca, con un objetivo preciso, sin exageraciones, pero que la gente pueda construir su utopía. Tenemos en este momento posibilidades de avanzar; nuestro país que lamentablemente vivió mucho de espaldas a las Américas, porque solamente miraba a Europa. El Mercosur es una oportunidad histórica para la construcción de una red solidaria de trabajo conjunto por el bienestar de nuestras sociedades.

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Perly Cipriano

Subsecretario de Promoción y Defensa de los Derechos Humanos de la Secretaría Especial de los Derechos Humanos, Brasil.

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